sábado, 16 de julio de 2016

La seriedad de la risa. A propósito de una teatralización histórica.


Admito que siempre he sido un poco transgresor, y que siempre me ha molestado el maniqueismo, la clara división entre lo bueno y lo malo, lo serio y lo jocoso. No he entendido nunca a los puristas, a esos que se alarman ante cualquier atisbo de fusión en el flamenco, como si los palos actuales los hubiera creado Dios en el Séptimo Día a primera hora de la mañana. Y reconozco que he disfrutado en El Silo con formas alternativas para acercar la música a clásica a todos los públicos como las utilizadas por Ara Malikian o Las Funanviolistas, por poner algún ejemplo. Para mí, tiene mucho más valor la capacidad de difundir la cultura que el respeto a supuestos purismos. Algo parecido me sucede con la seriedad de la Historia. No es que no me moleste la falta de rigor de muchos seudohistoriadores (que me molesta, y mucho), pero recocozco que me gusta la buena novela histórica. Esa que cuenta historias inventadas insertándolas en escenarios históricos plausibles. Y que, como he dicho en algunas ocasiones, permite describir el ambiente de una época determinada no sólo de forma más amena que el duro y riguroso estudio científico, sino muchas veces también de forma más completa.

Siendo tan poco amante del "purismo", no puede extrañaros que, cuando Manolo Marín me preguntó hace ya tiempo mi opinión sobre la locura de teatralizar con humor la historia de Los Pedroches, la idea me pareciera genial. Y cuando, algunos meses después, me comentó que la cosa iba tomando forma y que se presentaría a través de un grupo que tomaba el nombre de "Los Mejía"... Uf. Los Gonzalo Mejía y la Tierra del Pedroche... El siglo XV en nuestra comarca. Esto pintaba cada vez mejor.

Tras dos representaciones a las que no pude asistir, el pasado jueves se presentaban Los Mejía en El Silo y, esta vez sí, tenía que verlos. Un único comentario: ¡¡¡Geniales!!! Si queréis saber lo que vimos y cómo disfrutamos, podéis leer la entrada que le dedica a la representación Antonio Merino en Solienses, y que parece que hubiera escrito en nombre de todos los que disfrutamos de un espectáculo diferente, único, de esos en los que uno aprende... pero sobre todo se divierte.

Una representación con buenas dosis de datos históricos, muy bien hilados, mezclados con leyendas, pero delimitando claramente el ámbito real del legendario. En medio de las constantes carcajadas, estoy seguro de que muchos espectadores pensaron en la riqueza de nuestra historia, en que merece la pena conocerla mejor, en que tenemos cosas que merecen ser contadas. Porque la Historia estaba en el centro de las diferentes escenas representadas, pero la calidad no estaba sólo en los datos que han ido recopilando (me consta que recurriendo a fuentes de información muy diversas, y a variados informadores), sino en el tratamiento que han dado a esta información. Teniendo claro que el objetivo es montar una obra de teatro, y no elaborar un discurso más o menos histórico, el espectáculo cuenta con un guión trabajado y muy conseguido, con una interpretación bastante más que correcta y con un complemento musical que adereza en su justo término un conjunto que resulta definitivamente delicioso.

Los pelirrojos de Añora se mezclan en la primera parte con una teatralización casi lorquiana; un concurso para el público atrapa definitivamente al espectador metiéndolo en el juego entre un estribillo pegadizo que a mí me recordaba algunos gags de Les Luthier; y la leyenda de la conquista de Santa Eufemia por los calabreses nos permite disfrutar de una escena redonda, coronada por la guinda de ese Manolo Marín transmutado en la madre de Bryan. Para terminar con toda una declaración de intenciones: "Los Mejía, Los Mejía, siempre pensado en alguna fechoría". Sólo les queda mantener el espíritu de los sucesores de Pedro Carrillo, de los señores de Santa Eufemia, de los Mejía, y adueñarse de la comarca de Los Pedroches como el jueves pasado se hicieron dueños del Teatro El Silo.


jueves, 7 de julio de 2016

La Plaza (II). Algunas opiniones

Infografías de tres posibilidades en la web municipal
Tras publicar la entrada anterior, dedicada a los proyectos de reforma o demolición del Mercado de Abastos de Pozoblanco, se ha generado un debate que no quería dejar perdido en el oculto abismo de los comentarios. Se me pide mi opinión sobre diferentes asuntos, de forma que he decidido intentar ordenar un poco lo que pienso sobre los proyectos puestos sobre la mesa en esta nueva entrada.

1. "Sin entrar en cuestiones políticas..."

Si no entramos en cuestiones políticas, no debatimos sobre el futuro de este espacio urbano. Porque debatir sobre el futuro de nuestro pueblo es, directa y llanamente, hacer política. Con todas sus letras.

2. ¿No sabes qué opinas sobre el derribo de la plaza?

Manolete, Manolete, si no sabes torear ¿"pa qué" te metes? viene a decirme un comentario anónimo. He intentado explicarlo, pero a ver si consigo dejarlo un poco más claro: desde el momento en el que se trata de un edificio protegido, en un pueblo donde ya nos lo hemos cargado todo... mi opinión inicial es que habría que conservar La Plaza. Pero sé que es necesario hacer un estudio en profundidad antes de tomar una decisión, y de ahí que, sin tener toda la información, prefiera no decantarme radicalmente por la solución final. Aunque sé que gente con bastante menos idea (no por inteligencia, sino por una simple cuestión profesional) opina alegremente en la encuesta municipal.

Pongo un ejemplo: comenta Juan Andrés Molinero en La Comarca que el arquitecto Rafael de la Hoz intervino en el diseño del edificio. Un dato interesante, sin duda. Porque no tenemos muchos edificios "firmados" en Pozoblanco, y porque estamos ante uno de los arquitectos modernos que más edificios tiene catalogados por su valor artístico. Formado en Madrid y en el prestigioso MIT norteamericano en los años 50 del siglo XX, Rafael de la Hoz tiene entre otros premios la Medalla de Oro de Arquitectura o el Premio Nacional de Arquitectura. En los años 70 fue Director General de Arquitectura, impulsando desde ese cargo la redacción de las primeras Normas Técnicas de la Construcción. Y en los años 80 presidió la Unión Internacional de Arquitectos. En principio, pienso que el mercado de Pozoblanco debió de ser una obra menor, de esas "alimenticias" (que dan de comer a su autor) proyectada en su estudio cordobés. Pero me gustaría contar con un estudio que avalara esta teoría porque ¿y si resulta que La Plaza tiene interés dentro de la obra de uno de los arquitectos internacionales más importantes del siglo XX?

Resumiendo: creo que no es oportuno el derribo, que se debe mantener la protección. Y además, que estamos ante un rectángulo con múltiples posibilidades de reordenación interna respetando su actual nivel de protección. Un espacio muy versátil, una "Plaza" cubierta, en lugar de al aire libre (¿de verdad que nadie ha pensado en esto?) Pero estoy dispuesto a dejarme convencer, siempre primero con los informes técnicos adecuados y después con argumentos de peso.

3. ¿Cambiar "La Plaza" por "una plaza" mejorará el futuro de Pozoblanco?

El comentarista anónimo está completamente seguro. Yo no. No creo que una plaza abierta, en el lugar donde está, facilite el desarrollo de la zona. Creo que el centro comercial de Pozoblanco hay que potenciarlo, para evitar que todo el desarrollo se vaya al extrarradio norte. Durante décadas hemos fallado en el diseño de futuro para el urbanismo de Pozoblanco, colocando todos los polos de atracción urbana en el norte. Y ha surtido efecto: el pueblo se va hacia el norte. Por eso creo que hay que actuar en toda la zona sur, la más degradada, empezando por la revitalización del centro. Si cambiamos el actual mercado por un edificio más moderno, podemos convertirlo en un centro de atracción comercial. Y empezar a recuperar el eje Mercado - Calle Real - Calle del Toro que conecta con el nuevo foco comercial del norte. Impidiendo la degradación del centro urbano.

Creo que si sustituimos la dedicación comercial de este espacio por... ¿una zona verde?, por una plaza abierta, habremos perdido la oportunidad de empezar a trabajar por el reequilibrio urbano. Perdida su condición comercial y con unos edificios envejecidos, con los problemas de circulación inherentes a un casco histórico pero sin las ventajas de tranquilidad, de belleza... ¿quién va a querer  vivir en este barrio? Creo que es algo que tendríamos que meditar, que debatir... Pero en cualquier caso me niego a admitir sin posibilidad de réplica que la apertura de una plaza abierta en La Plaza vaya a mejorar el centro urbano. No me lo creo.

4. ¿Y el aparcamiento?

El proyecto de derribo del Mercado acaba con su función comercial. Porque ese pequeño "testigo" no sería otra cosa que una concesión a desgana... sin ningún futuro. El comercio atrae al comercio, y dejar un reducido mercado no solucionará, sino que ahondará aún más el problema de falta de clientes del actual. Y, terminada su función comercial, contaremos por fin con un gran aparcamiento. Independientemente de la oportunidad o no de excavar rompiendo un gran bloque de granito para hacerlo posible ¿para qué queremos aparcar donde no hay nada que hacer? Me dicen que lo podremos aprovechar los vecinos. Bien, pagamos entre todos y a mí no me vendría mal tener aparcamiento frente a mi casa, así es que por intereses personales me voy a callar.

5. La necesidad de una reforma integral

Dice el comentarista anónimo: "Cualquier actuación urbanística funciona por vasos comunicantes y si se plantea actuar en una zona concreta, se debe estudiar su impacto no solo en dicha zona, sino también en aquellas conectadas". Y yo estoy totalmente de acuerdo. Aunque no veo ni rastro de esas actuaciones en el centro. En Córdoba, las peatonalizaciones en el centro comercial siguen avanzando. Tras las protestas generadas por las primeras, ahora nadie parece levantar la voz ante la peatonalización de Capitulares, de la zona del Ayuntamiento. Para entendernos, como si en Pozoblanco fuera peatonal la calle del Toro, ahora planteáramos peatonalizar la zona del Mercado para, finalmente, cerrar al tráfico el área del Ayuntamiento y calle Real. No me miréis con esa cara, que es lo que están terminando de hacer en Córdoba. Con un proyecto claro (ojo, y diseñado y ejecutado por gobiernos de muy distinto signo político).

Y no me vale decir que una vez decidido el modelo del Mercado pasaremos a ver su incidencia en el resto del pueblo. Porque yo creo que hay que actuar en el Mercado para conseguir una serie de mejoras en el conjunto del pueblo. El objetivo, para mí, no es el Mercado (ni el área comercial, ni la supuesta plaza), sino la revitalización del centro urbano y la recuperación de un eje histórico que comunicaba norte y sur. Y, pensando así, creo que esto es previo a cualquier discusión sobre las obras a realizar en La Plaza.

6. La conservación mal entendida del Patrimonio Histórico...

En todo el debate se puede observar una línea argumental clara por parte de "anónimo": el fin, que no es otro que la apertura de la plaza pública (ya he dicho que no coincido en esto tampoco), justifica los medios, aunque estos consistan en el derribo de un edificio protegido. El patrimonio no puede lastrar nuestro futuro... ¡Cuántas veces habré oído yo esto en Córdoba refiriéndose a los restos arqueológicos! Y dicho por los mismos que luego presumen compartiendo en facebook imágenes alucinantes de la Mezquita o de Medina Azahara. Ay, señor, señor.

En un comentario anterior, yo lanzaba una pregunta sobre esto: La teoría de que "no podemos parar el progreso" que se deduce de tus palabras ¿servía también para el Partenón? ¿O para ese puente romano de Córdoba que tanto ha estorbado? Y añadía después: Si existe un nivel de protección para un elemento del Patrimonio Histórico, hay que aplicar la normativa que afecta a ese nivel de protección, sin diferenciar si estamos ante un templo romano o una trinchera de la Guerra Civil. Lo contrario, valorar "lo antiguo" nos ha llevado a donde estamos, a un pueblo en el que tenemos poco que conservar, porque ya nos lo hemos cepillado todo. Con mal gusto, además, como puede demostrarse con un simple paseo por Pozoblanco.

7. Profesionales... en la barra de la taberna.

Lo que defendía en la anterior entrada era, por encima de todo, que el fin no justifica los medios, y que los profesionales del Patrimonio Histórico no deberían ser ninguneados cuando se trata de definir qué valores artísticos o históricos tiene un determinado elemento protegido. Pese a haberlo repetido varias veces, parece que no se quiere entender cuál es mi postura, y por eso la repito: si uno tiene una avería y llama a un fontanero, luego le paga y conserva una factura donde consta el nombre y el CIF de la empresa; si uno quiere un informe sobre la capacidad de su instalación eléctrica, llama a un instalador titulado, y luego le paga el informe que éste ha firmado con su nombre. Si uno quiere un informe sobre la estabilidad o capacidad de carga de una estructura, llama a un arquitecto que le firma (con su nombre, DNI y todos los datos necesarios) y, por supuesto, le paga. Y en la firma y el pago está implícita la garantía y la responsabilidad del firmante. Todo claro como el agua.

Ahora bien, si queremos saber si el edificio de "La Plaza" tiene unos valores históricos o artísticos que sean dignos de conservación... pedimos opiniones a historiadores, historiadores del arte (supongo que especialistas en "ordenación del territorio" o geografía urbana no se les habrá ocurrido) y luego aplicamos como veamos lo que nos han dicho de palabra. ¿No es raro esto? A esto me refiero cuando hablo de "arreglar el mundo en la barra del bar". Señores, esto no es que no valga, es que no es serio. Es una vergüenza que alguien pueda pensar que esto puede funcionar así. Lo que yo opino desde este blog no tiene ninguna validez. Porque si la tuviera, yo tendría que asumir mi responsabilidad. Y no firmaría estas opiniones sin haber estudiado con detalle qué lugar ocupa La Plaza entre los proyectos de Rafael de la Hoz, por ejemplo. Que los informes de los historiadores salen de horas de trabajo.

Y no es que no se encuentre a los profesionales adecuados para la redacción de esos informes. Es que no se buscan. Se me ocurre, para ello, que se puede acudir al Colegio Oficial, y pedir información sobre aquellos colegiados que estén de alta en Actividades Económicas con el código correspondiente a "Actividades de museos y conservación de lugares y edificios históricos". Y revisar también las empresas que ofrecen estos servicios. O recurrir a la Universidad: la UCO ofrece un máster con el título de "Gestión del Patrimonio Histórico desde el Municipio" que, digo yo, igual tiene algo que ver con problemas como éste...  Además de contar con Departamentos de Historia del Arte o de "Geografía y ciencias del Territorio". Que os aseguro que también en estas profesiones hay gentes a las que les gustaría asegurarse sus tres comidas al día.

8. Los procedimientos y los tiempos.

Repito lo dicho antes:

¿Se puede plantear tirar "La Plaza" para hacer "una plaza"? Por supuesto que se puede plantear (ahí estoy de acuerdo contigo, hay que estudiar todas las opciones antes de decidir). Pero requeriría hacerlo de forma correcta, siguiendo los pasos adecuados:
1. Estudiar si es posible y conveniente levantar la protección del edificio. No por encuesta, sino con técnicos competentes y tomando las decisiones por los organismos y según los procedimientos legalmente establecidos.
2. Una vez levantada la protección (en caso de que así sea), se pregunta a la ciudadanía si quieren tirar el edificio o reformarlo.

Luego añadía que, en cualquier caso, no es algo que pueda hacerse en poco tiempo, que no tendríamos resultados en esta legislatura de prosperar la idea de derribar el edificio. Y no es una opinión política. Es que, según tengo entendido, la eliminación del nivel de protección requiere los mismos mecanismos y procedimientos que conllevó su aprobación (PGOU). O sea, informes de diferentes instituciones, plazos y estudios... Varios años.

jueves, 30 de junio de 2016

"La Plaza". El Mercado de Abastos de Pozoblanco


Nací enfrente de "La Plaza". Porque en Pozoblanco nadie iba a comprar al Mercado, sino a La Plaza. Mi calle, la que rodea este edificio, nunca ha tenido nada de plaza, pero se llamaba "Plaza". Primero, "de José Solís", para cambiar su nombre, tras eliminar a ministros franquistas del callejero, por la actual denominación de "Plaza del Mercado". Quizá porque en Pozoblanco nunca tuvimos una plaza digna de ese nombre.

"La Plaza" fue el indiscutible centro comercial de la comarca de Los Pedroches durante décadas. Y al igual que en tiempos podía utilizarse como símbolo del auge comercial de Pozoblanco, desde hace ya años ejemplifica perfectamente la crisis del comercio tarugo, especialmente en el centro histórico. Lo que hay, va irremediablemente hacia el norte, hacia "La Salchi". La especulación urbanística, que también existe en nuestros pueblos, tiene mucho que ver con estos cambios.

Ante esta situación, caben dos soluciones: aceptar la evolución, y dejar que el centro muera poco a poco en beneficio de los nuevos barrios comerciales y residenciales, o actuar para revitalizar el centro. En mi caso, opto claramente por la segunda opción. Por eso durante la legislatura en la que he sido concejal en el Ayuntamiento de Pozoblanco, nuestro grupo apostó por la reforma del Mercado de Abastos y la paulatina peatonalización del centro urbano. Para revitalizar una tradicional arteria comercial que, desde "La Plaza", subía por la "Calle del Toro". Llegando, justo, hasta donde hoy comienza el verdadero centro comercial de Pozoblanco. Por esta misma razón me he mostrado muy crítico con la pretensión del actual gobierno de Pozoblanco (PE+, que es un grupo "independiente" liderado por el actual alcalde, que ya llevaba 14 años como concejal cuando se presentó a las elecciones con una "agrupación de electores", aliado con el PP) de permitir la instalación de una gran superficie comercial al norte de la población.

Ejemplos de planificación urbanística para revitalizar el centro hay muchos. Los que yo conozco pasan todos por la creación de áreas de preferencia peatonal. La propia configuración de nuestras ciudades y pueblos así parece exigirlo: el centro de calles estrechas y enrevesadas para el peatón, las modernas afueras con sus avenidas para los coches. ¿Por qué, entonces, pensar en un enorme aparcamiento subterráneo en La Plaza, derribando un edificio protegido para intensificar el tráfico por el centro?

Ya he reconocido que estamos hablando de un espacio que siento muy cercano. Y tengo que reconocer también que el absoluto desprecio por el Patrimonio Histórico que se deduce del planteamiento de una encuesta realizada por el ayuntamiento de Pozoblanco, y que destaca un buen artículo de Solienses, me toca en lo profesional. Por eso, no puedo callarme algunas opiniones.

1. El gran y necesario aparcamiento. Sería necesario si quisiéramos que pasaran por La Plaza muchos coches pero ¿eso es lo que queremos? En mi opinión, bastaría con un aparcamiento más reducido, que permitiera cargar la compra en el coche. Y, por supuesto, no tendría por qué ser subterráneo (para hacerlo tenemos que romper un enorme bloque de granito). ¿No podemos hacer en el centro aparcamientos en altura? En mi época de concejal, esta pregunta nunca fue contestada, pero tanto técnicos como políticos la rechazaban inmediatamente como inviable. No sé por qué.

2. Revitalizar el centro comercial histórico con aparcamientos, apostando por los coches. Bien. Es una opinión, tan válida como la mía (que es la contraria). Pero quien la defienda, por favor, que dé la cara, que nos explique los pros y los contras.

3. La encuesta. Ahí me han tocado, la verdad. ¿Harán una encuesta para decidir qué tipo de bisturí utilizarán los cirujanos en el Hospital de Los Pedroches? ¿O para decidir qué dimensiones tienen que tener los pilares que soporten el nuevo edificio de La Plaza? Es decir: sólo gentes que muestren un desprecio absoluto por la conservación del Patrimonio Histórico pueden trasladar a una encuesta la eliminación de la protección del edificio.


Remodelación integral del mercado con la protección estructural que a día de hoy tiene y que implica dejar toda la fachada exterior igual que está. Inversión aproximada: 2,4 millones de Euros.

Eliminar la protección estructural existente y recuperar un espacio público para la ciudadanía. Esa recuperación conllevaría utilizar todo el espacio para la construcción de aparcamientos subterráneos en toda la superficie de la plaza del mercado y en superficie un mercado adaptado a las necesidades de hoy en día y el resto de espacio sería una plaza pública abierta. Inversión aproximada: un 30% más que la Opción 1.

Por otra parte, a la opción 2 sólo le falta añadir una frase final: "Que es la opción más buena y más mejor de todas".

4. El Patrimonio Histórico. Varias veces he dicho por aquí qué entiendo por Patrimonio Histórico. Unas ideas que un anónimo comentarista en Solienses puede echar por tierra con todo el peso de "su cultura": "La casa de mis abuelos tenia más de cien años, la tiré, la hice nueva, y no paso nada, bueno si paso una cosa, que la calle quedó más bonita."

5. Los profesionales del Patrimonio Histórico. Se va a decidir si se elimina la protección al edificio del Mercado sin estudios de sus valores patrimoniales y sin intervención alguna de historiadores, historiadores del arte, urbanistas... Podría haber ayudado el estudio y la búsqueda de asesoramiento por parte de una oficina de Patrimonio Histórico que ya no funciona en nuestro Ayuntamiento (si has leído hasta aquí, te podrás hacer una idea de por qué la han eliminado). Pero no. Proteger o no este edificio se va a hacer ¡Por votación popular! Sólo puedo responder a voz en grito "¡Olé! ¡Coño!".

[¿Qué pienso yo? No tengo totalmente claro si es necesario conservar o no este edificio, porque necesitaría recoger más información, y más opiniones técnicas de historiadores, de historiadores del arte, de especialistas en urbanismo... Lo que sí tengo claro es que si yo, que por mi profesión tengo una cierta capacidad de análisis, no puedo definir en este momento mi postura, someter la decisión a una encuesta defendiendo que así se fomenta la participación ciudadana es una auténtica barbaridad.]


lunes, 27 de junio de 2016

Iter - 5. Desmontando


Por definición, toda exposición temporal tiene fecha de clausura. En esta ocasión, aunque prorrogada, la nuestra cerró sus puertas definitivamente ayer domingo, 26 de junio. Durante los meses en los que ha estado abierta al público ha recibido un buen número de visitas (como corresponde a un periodo de temporada alta para el turismo en la ciudad, y un tiempo de comenzar a vivir la calle, a recibir visitas y a pasear para los cordobeses). No tengo estadísticas, pero de todas formas no me obsesiona hacerme con ellas, puesto que creo que es más importante valorar la calidad que la cantidad de las visitas. Pero ¿cómo valoramos el grado de satisfacción del público visitante? De todas las formas posibles, me sigo quedando con el contacto directo.

Además de recibir comentarios de amigos y conocidos, durante estos últimos meses he tenido la oportunidad de visitar la exposición con varios grupos diferentes. Y eso me ha permitido tener una mínima aproximación a la imagen que transmitía la muestra. Y creo que podemos estar satisfechos. La idea general es muy similar a la que transmite Antonio Merino en una entrada de Solienses: decepción inicial, al comprobar el reducido tamaño de la sala, que se va transformando poco a poco al tomar conciencia de la cantidad y calidad de las piezas expuestas. Y todavía quedan opiniones por recoger (invito a quien haya visitado la exposición a dejar la suya como comentario, si le apetece).

Esta mañana hemos desmontado la exposición. Como trabajo, lo cierto es que resulta menos duro que el montaje. Todo está en su sitio, y cada pieza tiene su espacio perfectamente definido ya en las cajas de transporte. Incluso la documentación resulta fácil de cumplimentar: los datos del acta de devolución de manteriales son los mismos que aparecían en impresos de préstamo o actas de entrega. Sin embargo, el hecho de que sea un trabajo más fácil no significa que sea más gratificante. Al contrario, desmontar una exposición que tanto trabajo costó diseñar y ejecutar es una experiencia agridulce. Porque tiene lo dulce de finalizar un trabajo, de cerrar un captítulo de la programación anual, y de ver de nuevo los objetos convenientemente conservados en su lugar del almacén (todo movimiento de objetos supone un riesgo para la conservación, por más que intentemos minimizarlo, y el regreso al museo solemos recibirlo quienes trabajamos en este mundo con un incontrolado suspiro de alivio cuando podemos terminar el informe con el consabido "sin que haya que señalar ninguna incidencia"). Pero también te queda algo de penilla, para qué negarlo. La pena de ver finalizar un proyecto en el que has puesto horas, esfuerzo y, sobre todo, mucha ilusión.

Nos queda al menos el consuelo de pensar que puede haber quien haya disfrutado, quien haya aprendido algo, quien se haya dejado sorprender. Porque para eso trabajamos.

martes, 21 de junio de 2016

¿Corte o Tribunal?

En rey y su corte, en el Libro de los Juegos de Alfonso X
Reconozco que es una de mis muchas manías, pero me pone nervioso comprobar cómo cada vez es más habitual que, en prensa escrita, radio o televisión, se traduzca sistemáticamente el inglés court por "corte" en lugar de "tribunal".

El Diccionario de la Real Academia Española admite en su segunda acepción el significado de "tribunal" para "corte", identificándolo como un americanismo. Es decir, lo que en España es tribunal, en algunos países hispanohablantes se denomina corte. A pesar de esto, resulta curioso que un poco más abajo, la propia RAE nos hable de la "Corte Penal Internacional" para denominar al Tribunal Penal Internacional. Por su parte, la Fundación del Español Urgente zanja con claridad el debate: "Corte es, simplemente, el nombre que reciben algunos tribunales de justicia en América".

Remontándonos a la Edad Media, el término "corte" -procedente de "cohorte"- designa al grupo de personas que forman el séquito o acompañamiento del rey. La Corte pasará a ser muy pronto la sede del poder político de ámbito estatal, y de ahí que aún en España llamemos "Palacio de las Cortes" a la sede del Parlamento. Pero debemos tener en cuenta que hasta la Revolución Francesa no aparece un concepto político hoy generalizado -al menos en teoría- como es la división de poderes. Es decir, la "corte" será una institución política, pero que acumula los tres poderes: legislativo, ejecutivo y judicial. De hecho, se convertirá en habitual instancia de apelación en los procesos judiciales, a la que recurrirán quienes no estén conformes con las sentencias dictadas por tribunales menores. En su origen, por lo tanto, el término "Cortes" haría referencia a una instancia de poder político (de ahí que en España se llame así al Parlamento) y también judicial (de ahí que, en el mundo anglosajón y en parte de la América hispanohablante, se llame así a los tribunales).

Pero el uso periodístico de "corte" en lugar de "tribunal" no creo que podamos catalogarlo como un americanismo, sino más bien como fruto de una deficiente traducción del inglés, casi un anglicismo. Me temo que se impondrá, y que algún día la RAE eliminará la catalogación como americanismo para esta acepción de "corte". Y no pasará nada, naturalmente, aunque yo seguiré sintiéndome molesto al pensar que la evolución del lenguaje no siempre refleja riqueza sino que, en ocasiones, puede ser simple fruto de la incultura.

jueves, 2 de junio de 2016

Lourdes Aso gana el concurso de relato breve del Museo Arqueológico de Córdoba


El jurado y la directora del Museo ante la obra que ha inspirado el relato ganador. Foto: Museo Arqueológico
Lourdes Aso Torralba recibirá el primer premio del XIII Concurso de Relato Breve del Museo Arqueológico de Córdoba, patrocinado por la Fundación PRASA y dotado con 900 euros, según el fallo del jurado que se produjo en la tarde de ayer (ver noticia en Cordobahoy). El relato premiado lleva por título "El Sujeto", y fue presentado con el seudónimo de Babra. Según informa en facebook el Museo Arqueológico, está centrado en un visitante que contempla la escultura romana del dios Mitra.

Enfermera de profesión y residente en Jaca (Huesca), la ganadora de esta edición del concurso tiene un amplio curriculum literario, en el que destacan varios libros publicados, su participación en diversas antologías y la victoria en innumerables concursos, entre ellos el Mario Vargas Llosa NH, Isla Cristina, Café Compás, Ciudad de Melilla y, ahora, el de Relato Breve del Museo Arqueológico de Córdoba.

El segundo premio, dotado con 500 € y patrocinado por Arqueobética, ha recaído en José María Molina Caballero, de Rute (Córdoba) por su relato "Los espejos del tiempo desolado", mientras que el tercer premio (300 €, patrocinado por la Asociación de Amigos del Museo Arqueológico de Córdoba) es para "Cruzando lo invisible", de Elena Márquez Núñez, de Sevilla. Además, de entre los 184 trabajos presentados han resultado finalistas los relatos presentados por Pedro Antonuccio Sanó, de Venezuela, Alberto Ramos Díaz, de Madrid, Fernando Martínez López, de Almería, Dolores Marín, de Murcia y Almudena Bustamante Anibarro, de Palencia.

En esta edición, el jurado ha estado compuesto por Pablo García Casado (escritor), Francisco Sánchez Zamorano (escritor y presidente de la Audiencia Provincial de Córdoba), Ángela Jiménez Pérez (escritora) y Luis Grau Lobo (ganador de la edición anterior).

lunes, 23 de mayo de 2016

Historia de la villa de Pedroche y su comarca

Pedro de la Fuente y Concepción Ocaña. Foto: 17 pueblos

No os voy a negar que cuando Pedro de la Fuente me preguntó mi opinión sobre su idea de reeditar la Historia de la villa de Pedroche y su comarca de Juan Ocaña, me llevé una grata sorpresa. Me sorprendió porque Pedro no es editor, aunque no me sorprendía que se liara en un nuevo proyecto de difusion de la historia de Pedroche (y de su comarca) del que no sólo no sacará rentabilidad económica, sino que como amigo sólo espero que no acabe "costándole los cuartos". Y la sorpresa fue grata porque la aventura valía la pena, ya que nos permitiría disponer de una obra fundamental para quienes nos interesamos por la historia de esta comarca.

El libro, una edición facsímil -copia exacta- del editado en 1962 por la Real Academia de Córdoba, se presentó el pasado sábado en un acto celebrado en el patio del Convento de la Concepción de Pedroche, y tuve la suerte de poder participar en él junto al alcalde de Pedroche acompañando a los verdaderos protagonistas: Pedro de la Fuente y Concepción Ocaña, emocionada al comprobar el valor que, muchos años después, le seguimos dando al trabajo de su padre.
Presentación, en el Convento de la Concepción. Foto: Solienses.

No puedo decir mucho sobre la presentación sin repetir lo que otros han contado ya. De hecho, tuve que citar un artículo que Antonio Merino había publicado el día anterior en Solienses en el que ofrece atinadamente algunas de las claves fundamentales de esta obra. Por otra parte, la crónica del acto se puede leer tanto en 17 Pueblos como en Solienses, por lo que me queda muy poco que añadir. Únicamente destacar que, efectivamente, me parece el libro de un "maestro" en el sentido más noble de la palabra (por la sabiduría y por el afán de transmitir conocimientos) que, 54 años después de su edición original, aún no hemos sido capaces de superar. Un libro, en definitiva, que merecía la pena reeditar.

La edición consta de una tirada limitada de 200 ejemplares, que van numerados y se venden al módico precio de 10 €. Una cantidad con la que el editor pretende únicamente cubrir los gastos de impresión. Y lo tiene que conseguir, porque es un libro que no debe faltar en la biblioteca de ningún interesado por la historia de Los Pedroches.

[Compra el libro aquí.]